San Luis Potosí, S. L. P., a 20 de junio de 2019.
Amiga mía.
Estoy consternada, han pasado demasiadas cosas que no consigo explicar. No logro controlar lo que me ocurre. Hay algo dentro de mí que no comprendo y simplemente me absorbe. Me siento completamente perdida, desencajada y a la deriva. A pesar de las gotas que tomaba seguí teniendo los infartos de sueño, las pesadillas; y no sólo por las noches. En cuanto me duermo está ahí acechando, en cualquier lado. ¿Será que se comunica? ¿Cuál es el mensaje? ¿Será que pierdo la razón?
También he sentido golpes, golpes imaginarios que traen imágenes que no recordaba. Un dolor agudo en la cabeza, un hueco en el pecho, una ira irreconocible, todo llegaba como un latigazo a la memoria. ¿De dónde son esas imágenes? Estoy en medio de un marasmo de incertidumbre y reconocimiento. Y tú estás ahí, a veces en los recuerdos, a veces parece que estás cerca.
La última vez soñé un cielo hermoso, con estrellas y una luna resplandeciente. Podía sentir el aire fresco, un ligero aroma a hierba y tierra. Yo miraba desde un lugar alto, como la copa de un árbol. Todo parecía estar en calma, en silencio, completamente quieto. Algo comenzó a moverse, abajo en el suelo.
No era yo. Estaba desubicada, pero miraba a través de ese cuerpo que no sentía como mío. Sentí mis músculos tensarse mientras seguía con la mirada al pequeño bulto que corría ahí a lo lejos. Lo veía muy bien, era una rata bastante grande. Mi corazón comenzó a palpitar con fuerza, me enfoqué en las ramas que se desplazaban hacia los lados. Un color parduzco asomaba detrás de un pequeño tronco, corrió por una pequeña parte sin vegetación; ése era el momento. Salté con rapidez para lanzarme al vacío. Extendí lo que pensaba eran mis brazos, pero tenían plumas. Podía sentir el vértigo por la velocidad y la fricción del aire en el rostro. Me acerqué vertiginosamente, pero sin perder de vista a la rata. La tomé con fuerza. Sentí como la estrujaba con lo que parecían mis garras. La cálida humedad cubría el pelaje y su cuerpo al retorcerse. Apreté con más fuerza. Fue algo aterrador pero instantáneo. Probé el sabor de su sangre, destrocé su pecho y arranqué sus vísceras en medio de un frenesí inesperado.
Algo me interrumpió. Percibí el movimiento entre los árboles, pisadas. Un par de ojos me observaban. Me quedé inmóvil, esperando. Unos ojos rojizos y enormes se acercaban poco a poco. Un gruñido profundo de procedencia inconcebible acompañaba a lo que parecía un perro enorme. Entonces lo vi luminoso, pero no de una manera hermosa u ordinaria. Era como un halo enrojecido y tenue, como si exhalara un calor luminiscente. Sentí su ira, el odio y el frío dentro de él. Extendí mis alas, amenazante con la esperanza de que se alejara. Se paró en seco y nos observamos un momento, yo empecé a sentir miedo, pero no era un miedo común. Por un lado, no sabía lo que estaba pasando y por el otro parecía una escena muy familiar. Quería salir huyendo, había una certeza de algo maligno, pero mi cuerpo no respondía a mis pensamientos. Entonces comenzó a avanzar lentamente, sabía sus intenciones, percibía sus impulsos. Ahí me di cuenta de que me conocía y quizá yo también a él. Mi cuerpo se colocaba por instinto. Comencé a batir mis alas y solté la presa para aligerar el peso. Fue entonces que saltó sobre de mí. Un dolor punzante recorrió lo que para mí sería un brazo. Intenté a liberarme, pero no lo conseguí. Mis garras se habían encajado en su cuello, apreté con desesperación tratando de hacer el mayor daño posible. Me sacudió con fuerza y logré picar cerca de ese ojo rojo. Finalmente me soltó. Me encontraba herida y aterrorizada. Traté de pensar lo que iba a hacer, si volvía a atraparme sería difícil escapar de nuevo. Entonces lo recordé ¿En dónde me encontraba en ese momento? ¿Por qué estoy en este cuerpo? Pensé en mi familia, en mi hijo durmiendo en su cama.
Se escuchó un ruido como de aire pasando en una caverna, como una voz muy lejana que provenía de un lugar profundo. Miré a mi adversario y me di cuenta de que también estaba lastimado. Quizá había oportunidad.
No entendía cómo iba a lograr despertar cuando todo se veía tan real. Caminábamos en círculos sin dejar de mirarnos, aun así, pensaba en cómo escaparía. Él hizo un movimiento para atraer mi atención y luego cambió en un giro. Salté como si fuera a atacarlo de lleno y logré empujarme con mi garra hacia arriba. Pensé que lo lograría, pero enseguida, nuevamente un dolor punzante atormentaba una de mis patas. Justo en ese momento me di cuenta que todo estaba perdido. Emití un sonido gutural tratando de articular una palabra que no recuerdo, ¿“…mati”? ¿”…poca”? Cómo si algo jalara desde mi ombligo me sentí desgarrada. Entonces desperté.
Me encontraba acostada en un sillón. Todo alrededor estaba oscuro. Me toqué el cuerpo y no tenía plumas, eran mis brazos. ¿Qué había pasado? Escuché ruidos que venían de un piso superior y me quedé muy quieta. Se encendió una luz y observé una silueta bajar por las escaleras. Escuché mi nombre pronunciado por una voz familiar. No respondí y llegó hasta mí, sólo entonces reconocí a mi esposo. Suspiré aliviada y le conté mi sueño. Me escuchó paciente y me dijo que el estrés me estaba haciendo un efecto extraño. Me invitó a subir a dormir. Me dijo que iríamos a pedir que nos dieran algo más para ayudar con estas pesadillas.
Me sentía sucia así que entré al baño para darme una ducha antes de meterme a la cama. A la hora de quitarme la blusa sentí una punzada en el brazo a la altura del hombro. Tengo una mancha negra como si algo me hubiera mordido, pero sin penetrar la piel, como un moretón muy grande. Rápidamente me quité los jeans y tenía otro parecido en la mitad del muslo. Sentí dolor al recordar lo que creo fue un sueño. ¿Cómo fue que me lastimé de esa manera?
No sé qué pensar. No pude dormir casi nada recordando al perro enorme que vi. ¿Sería un sueño? Tengo muchas preguntas, pero no hay nadie que me responda. Amiga, no puedo entenderlo. Todo se sintió tan real, que me cuesta pensar en ello como parte de la imaginación. Dudo mucho que los médicos puedan ayudarme a resolverlo. El miedo me invade y aun así creo que hay algo muy conocido en todo esto.
Amiga, siento que tú podrías ayudarme. Ojalá pronto pueda verte. Espero no sea demasiado tarde.
M
