Cartas nocturnas I

San Luis Potosí, S.L.P., viernes 26 de abril de 2019.

Querida amiga:

Debo decirte que he estado muy inquieta estos últimos días. En las noches escucho ruidos, llantos, risas y no sé de dónde provengan. Son demasiado escandalosos así que le pregunté a algunas de mis vecinas si han escuchado cosas extrañas, pero ninguna mencionó nada… Bueno, Alicia si…, aunque hablaba de un burro en una comunidad vecina. Al parecer todavía hay quien tiene animales de granja, y cerca de una zona urbana. Así que nadie más mencionó algo. Obviamente yo no les dije que era lo que escuchaba, para no contaminar o influenciar.

Después de unos días de intentar no hacer caso por fin vino el silencio, duró como dos días. Hasta que empecé a oír que decían mi nombre.

En el primer momento me levanté y encendí las luces. La voz parecía venir de afuera del cuarto. Volteé a ver a un costado y ahí estaba mi esposo, durmiendo como un tronco. Ni siquiera la luz lo perturbó. Le hablé un par de veces, pero nada. Luego pensé en mi pequeño hijo que dormía en el cuarto de a lado. Tenía que averiguar si alguien había entrado. Abrí la puerta lentamente, salí al pasillo descalza y de puntitas para no hacer ruido. El cuarto de mi niño tenía cerrada la puerta, así que asumí que habría escuchado que la cerraban en todo caso. Volteé hacia todos lados, luego bajé a la cocina, recorrí la sala, no había nada.

Subí de nuevo. Seguí caminando despacio y revisé los baños. En la habitación de mi hijo parecía estar todo en orden, él dormía en su cama con su pijama de Batman, las ventanas seguían cerradas, las puertas, no había indicios de nada extraño. ¡Vaya, me sentí más tranquila!

Regresé a mi cama. Me costó mucho trabajo, pero comencé a quedarme dormida. El sopor me invadía y entonces vino a mí el dichoso infarto de sueñosueño lúcido o como se llame. Comencé a caer al vacío y algo muy duro oprimía mi pecho. Abrí los ojos y todo se veía borroso, como si fuera uno se esos dibujos raros con colores chorreados o barridos. No podía moverme, bueno… si pude, pero como si tuviera un bloque de concreto encima. Con mucho esfuerzo me senté en mi cama y me vi acostada como si nada, sin embargo, la imagen no era como esperaba. Quise ver mis manos y lo conseguí, aunque eran diferentes, solo sabía que me pertenecian. Pensé en levantarme, pero al hacerlo no tenía control de mis movimientos. Caí al piso y cuando creí que iba a golpearme me seguí de largo… atravesé el suelo.

Llegué al piso de abajo y una sombra apareció frente a mí, inmóvil, muda. Se escuchó un gruñido. Entré en pánico y traté de despertar. Estaba de vuelta en mi cama, intenté moverme y no pude hacerlo. Sentía mi boca abierta pero no emitía sonido, estaba segura de que gritaba. La puerta del cuarto se movió lentamente. Lo veía, seguía paralizada, la impotencia me invadía. La sombra entró y caminó hasta el pie de mi cama, fue entonces cuando habló con un gruñido diciendo mi nombre. Puse todas mis fuerzas para lograr salir de ese estado y conseguí mover un dedo de mi mano derecha. Desperté de golpe y la sombra continuaba ahí. Respiré lo más profundo que pude mientras la imagen se desvanecía lentamente. EL corazón iba a toda velocidad y comencé a llorar. Mi esposo por fin despertó y me abrazó.

Esto pasó ayer, y ya es la hora de dormir y no quiero hacerlo. Amiga, tengo miedo.

No podía moverme

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